Estudios que sostienen
la práctica de las I.A.A.:

  • Acariciar a un animal es eficaz para aliviar el estrés y bajar la presión sanguínea, reduce notablemente el riesgo a padecer enfermedades coronarias (Graham, 1999; Fine, 2006). 

  • En el caso de las personas desorientadas – por ejemplo personas con Alzheimer – los perros sirven como elemento de contacto con la realidad (Davis, 2002). 

  • Se produce una mayor estimulación mental, la presencia de un animal sirve para alegrar el ambiente, aumentar la diversión, la risa y el juego. Estas distracciones positivas pueden ayudar a disminuir las sensaciones de aislamiento (Tucker, 2004).

 

  • Los individuos que padecen enfermedades mentales o baja autoestima, tienden a centrarse en sí mismos. Las interacciones con perros les pueden ayudar a centrarse más en su entorno (Tucker, 2004). 

  • Cuando hay un perro presente se produce una mayor colaboración entre los usuarios y el personal de las instituciones, se fomenta el contacto social, sirven de tema de conversación y facilitan las relaciones interpersonales, generando un ambiente positivo para los usuarios (Davis, 2002).